13 de mayo de 2012 no. 2477
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El seguimiento de Jesús supone una decisión personal. Ojo: me refiero al seguimiento de Jesús, no a una pertenencia casi cultural, masiva, a una institución religiosa. La palabra "seguimiento" apunta a una identificación con la persona de Jesús, una apuesta a favor de sus prioridades y valores, una traducción de su mensaje al lenguaje de la práctica y la ordenación de la propia vida. "Seguir" a Jesús es aspirar a una sintonía tan grande con Él que nuestra vida y nuestras obras continúen en la historia el camino de Jesús.
En lo que va de año he reflexionado varias veces sobre los niños. Las comunidades y discípulos de Jesús conservaron del Maestro varios recuerdos; uno de ellos fue su admiración por los niños.

 

Creo no equivocarme si digo que de todas las conmemoraciones de este tipo que celebra la humanidad, la de hoy es la más señalada, la más "celebrada" y una de las más difundidas.

 

Queridos hermanos y hermanas de Roma y del mundo entero

 

«Surrexit Christus, spes mea» – «Resucitó Cristo, mi esperanza» (Secuencia pascual).

Llegue a todos vosotros la voz exultante de la Iglesia, con las palabras que el antiguo himno pone en labios de María Magdalena, la primera en encontrar en la maña de Pascua a Jesús resucitado. Ella corrió hacia los otros discípulos y, con el corazón sobrecogido, les anunció: «He visto al Señor» (Jn 20,18). También nosotros, que hemos atravesado el desierto de la Cuaresma y los días dolorosos de la Pasión, hoy abrimos las puertas al grito de victoria: «¡Ha resucitado! ¡Ha resucitado verdaderamente!».

Todo cristiano revive la experiencia de María Magdalena. Es un encuentro que cambia la vida: el encuentro con un hombre único, que nos hace sentir toda la bondad y la verdad de Dios, que nos libra del mal, no de un modo superficial, momentáneo, sino que nos libra de él radicalmente, nos cura completamente y nos devuelve nuestra dignidad. He aquí porqué la Magdalena llama a Jesús «mi esperanza»: porque ha sido Él quien la ha hecho renacer, le ha dado un futuro nuevo, una existencia buena, libre del mal. «Cristo, mi esperanza», significa que cada deseo mío de bien encuentra en Él una posibilidad real: con Él puedo esperar que mi vida sea buena y sea plena, eterna, porque es Dios mismo que se ha hecho cercano hasta entrar en nuestra humanidad.

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Ora con la Palabra

Hoy corresponde la lectura: Jn 16,, 16-20 “Su tristeza se convertirá en gozo”.

Domingo : Domingo 13 de mayo: Sexto Domingo de Pascua (B)
- Hechos 10,, 25-26.34-35.44-48 “Dios no hace distinciones”.
- Salmo 97 , “El Señor revela a las naciones su justicia”.
- 1 Juan 4,, 7-10 “Dios es amor”.
- Juan 15,, 9-17 “Ya no los llamo siervos”.

Lunes Jn 15,, 26-16,4 “El Espíritu de la Verdad… él dará testimonio de mí”.
Martes Jn 16,, 5b-11 “Les conviene que yo me vaya”.
Miercoles Jn 16,, 12-15 “Todo lo que tiene el Padre es mío”.
Jueves Jn 16,, 16-20 “Su tristeza se convertirá en gozo”.
Viernes Jn 16,, 20-23ª “Nadie les quitará su alegría”.
Sabado Jn 16,, 23-28 “Pidan y recibirán para que su alegría sea completa”.